Aplastamiento de los caracoles

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Sueños, 21-04-MMXIV

Yo participaba de un grupo con el que estábamos planeando asaltar a un cuartel militar. Eran puros sujetos jóvenes y medios locos, y no había gran filosofía de fondo más que matar milicos, era suficientemente libertario matar milicos. Estábamos en una especie de dictadura, muy restringida y parecía que siempre estuviera de noche.

El asunto es que veníamos de una reunión y andábamos con subametralladoras en los bolsos, justo las habíamos extraído de nuestro contacto. Yo, por suerte, no andaba con nada, porque no traía bolso o porque mi parte en el plan era más logística y de engaños que de disparos. Entonces nos bajamos en plaza italia y los milicos justo estaban haciendo control. Intentamos pasar rápido pero veo que alguien para a uno de mis compañeros, quien de inmediato saca la metralleta y le mete un balazo en la cabeza, y ahí se desata el caos, la gente grita, los otros sacan también sus metrallas y yo intento mezclarme con la gente. Uno de los milicos me aleja de la zona intentando protegerme y yo corro hacia el centro de Santiago intentando llamar a mis compañeros y ver si alguno había logrado escapar y qué podíamos hacer desde ahí. 
Llego a un servicentro, de esos de las bencineras, que tenía sólo paredes de vidrio y era gigantesco. Ahí intento llamar desde el teléfono público para evitar rastreos pero de pronto veo que una masa de fanáticos del Colo Colo vienen a apedrear el local, por el simple gusto y la euforia de apedrear. Entonces intento escapar y veo que está todo rodeado de colocolinos y que uno me ve y me empieza a insultar. Y yo le digo “qué onda hermano si yo también soy del Colo”. Y me dice, “sí?? a ver, cuántos goles metimos?”, y yo no tenía idea pero justo veo en la portada de un diario que había un 2-1, pero no estaba claro si el equipo había ganado y estaban eufóricos por eso o había perdido y estaban eufóricos por eso, entonces le dije “2”, y me dijo “ya, te salvaste, pero igual entrega el celular”. Ahí le digo que se vaya a la cresta y salgo corriendo, me persigue a una velocidad infinita y tengo que lanzarle mi chaqueta en la cara para perderlo. Llego después de un rato a un callejón oscuro en el centro de Santiago, la ciudad parece desolada, no hay luminaria pública, se ven rejas, bloqueos, el piso descascarado y el hollín lo cubre todo. Me meto a una casa que parece un motel porque necesito descansar, esconderme, ordenarme. Dentro no hay nadie, están las luces apagadas pero encuentro una habitación limpia y con electricidad. Luego de ponerme cómodo intento buscar a algún encargado, alguien que me diga algo, y voy hasta el fondo de la casa. Me encuentro con un grupo de 9 ancianos, medios decrépitos en cuerpo pero muy activos, con energía y aspecto de estar medios drogados y empezando una bacanal. “Tú eres nuestro último invitado?”, me dice uno de ellos que es en realidad Carlos Ossandon, un profesor de la Chile con voz muy grave. Yo le digo “no, sólo busco una habitación”. En eso aparece una mujer desnuda y es Ximena Poo, y dice que ella es la última asistente, y se ponen todos a hablar de la dictadura en una forma indescriptiblemente erótica, momento en que tocan la puerta con insistencia los milicos, que les informaron que ahí ocurrían actos sodomitas y vienen a investigar. Los viejos hacen como que no escuchan (o no escuchan) y siguen conversando y tocándose uno a otro y yo me voy a una habitación del frente a ver si logro apreciar el escenario de afuera. En eso los milicos rompen la puerta y pasan directo al fondo, con lo que logro salir subrepticiamente por la puerta y perderme en las calles, que ahora tienen puentes, rejas, quebradas, abismos y personas caminando como zombies, sin mirar a nada ni a nadie. Intento llegar al centro de la ciudad para ver qué pasaba con mis amigos y tengo que cruzar un puente larguísimo justo antes de llegar a la Alameda. Mientras estoy en eso veo del otro lado una sombra, un bulto gigante que avanza hacia a mi, cubriendo toda la amplitud del puente. Siento un miedo indescriptible y despierto.
lysergicdeath:

The Unholy Trinity

"Que me abandonen con mis nubes apagadas, con mi inmortal impotencia, con mis absurdas esperanzas. Pero que sepan que no abdico de ninguno de mis errores."

- Antonin Artaud. (via kinetox)

nihtegale:

Ancient Egyptian crocodile god Sobek-Re, 1st century BC-2nd century AD (Greco-Roman)
iluvgifs:

If only…
darksilenceinsuburbia:

Lucian Freud
The Sleeping Cat, 1944